
A los españoles nos encanta eso de recibir el nuevo año con la boca bien llena , atiborrados de 12 uvas. Y bien orgullosos que estamos de ello, aunque ésto sea algo que, fuera de nuestras fronteras, se contemple con asombro e incredulidad.
El tema está en que la tradición puede poco a poco perder la gracia, por monótona e incluso demasiado sencilla, ya que no es difícil buscarse un sistema, que te permita ir “sobrado” entre campanada y campanada. Sobretodo, si optas por las polémicas ayudas (quitarles el hueso, y/o la piel, convirtiéndo la uva en un empastre pegajoso y deforme).
Éste año puede ser un buen momento para, respetando la tradición, innovar un poco, y de paso coger un poco de tono para la fiesta posterior. La propuesta es incorporar el alcohol al proceso, pero tranquilos cada uno hasta donde quiera.
Lo más inmediato, sería rociar cada uva (y aquí si tendría sentido pelarlas), con un poco de nuestra bebida favorita. 12 uvas al ron, o a la ginebra, etc. El siguiente nivel, (y como seguro que ese día hay por la casa un buen surtido), sería “tocar” las uva con bebidas distintas, creando así una variedad digna de una caja roja de Nestlé.
Y ya a los que esto les parezca una minucia, les diría que pasaen directamente de las uvas, y se peguen del tirón 12 mini-chupitos, ahí bien puestos en tira. Aquí, por favor, no mezclar, que ya serían palabras mayores.
Feliz año Noctámbulos!
Fotografía | Flickr


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