Un festival de electrónica siempre es buena excusa para hacer una excursión. Merece la pena hacer turismo (y beber cerveza) en Toledo, y mejor aún si cuando llegue la noche se anuncia un line up con variedad y calidad: John Selway y el directo de Aril Brikha son los platos fuertes de la noche, acompañados de los nacionales Paco Osuna y Systematic.
Primera impresión: buena. El recinto y su inmenso parking, donde estaba montaba la parafernalia de churrerías, terrazas, carpas y atracciones de feria, hierve de actividad. Esto promete.
Segunda impresión: regular. La zona electrónica – con un montaje bastante pobre, y un sonido muy limitado – estuvo bastante desangelada toda la noche: poco público y bastante indiferencia hacia los artistas. Quizás las expectativas creadas eran otras, o quizás no era el marco adecuado para un cartel de tanta calidad.
No olvidemos, eran las fiestas patronales. Y no sé hasta qué punto la gente demandaba techno y no regguetón, ¡Cuestión de edades, supongo! La gente en su mayoría era bien jovencita: vamos, que los míos y yo éramos los abuelos del lugar.
Hacia las tres de la mañana, el warm up de Systematic dio paso al live de Aril Brikha, el triunfador de la noche. El sueco sabe que su directo provoca bailes y sonrisas a partes iguales y además lo explota con su carisma en cabina.
Con una progresión muy correcta fue entrelazando sus producciones más conocidas: melodías, bajos cálidos… puro sonido Detroit, en la línea del techno más emotivo y sentimental.
Sonaron sus últimas producciones para Kompakt, además de Room 337, Winter, Akire… Una pena que la fiesta no cogiera más color, porque los pocos que nos agolpábamos en las primeras filas lo disfrutamos como enanos.
Me gustaría decir que Paco Osuna y John Selway mantuvieron el listón musical tan arriba como lo había dejado Brikha, pero no fue así. Minimal techno, soso, lineal y un poco aburrido, más y más y máaaas de lo mismo, ¿No creéis que la saturación de tracks idénticos y de sesiones “minimalosas” ya comienzan a cansar?
Ultima impresión: Al final la nota más alta se la llevan las terrazas de toledo, sus cervezas, su generosidad con las tapas. Y bueno, claro está, Brikha, pero el sueco juega en otra liga.


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