Rave on Snow 2008: la crónica (y II)
Son las 4 de la tarde y anochece en el after del pico Schattberg, ¡Increíble!
Vamos con la segunda parte de la crónica de Rave on Snow. ¿Por dónde lo habíamos dejado? Ah, sí: Sábado por la mañana. Empieza el día fuerte del festival. Para nosotros, la noche anterior fue tranquila y relajada, así que nos levantamos temprano. Hay mucho que esquiar y que bailar hoy, será un día intenso.
El pueblo parece tranquilo. Está limpio, no hay restos de la batalla. Sólo algunos clubbers que regresan a sus casas, y algunos esquiadores que nos dirigimos a las laderas nevadas del valle. Nos dirigimos al edificio del telecabina para subir a las pistas de esquí. Retumba el suelo. “Bum, bum, bum“. ¿Porqué será? Resulta que una de las áreas del festival está en el parking subterráneo, bajo los pies. ¡Y cierra muy tarde!
Una mañana de esquí en Saalbach
El día ha amanecido frío pero soleado: condiciones perfectas de esquí. Encadenamos unas cuantas bajadas. Y a mediodía, después de reponer fuerzas, nos dirigimos al after oficial del festival. Es el área Level Non Zero, que está localizada en un lugar muy especial.
La fiesta se monta en la cima del Schattberg Ost, que es la cota más alta esquiable de la estación. Son casi 2100 metros de altitud. Cimas agrestes, peladas. El bosque queda abajo y la nieve lo cubre todo. Y allí, una enorme terraza, una pequeña carpa, barras, altavoces, la cabina, y un área de freestyle con saltos de esquí. Y la gente lo ocupa todo. La terraza de madera y toda la explanada nevada que la rodea, donde se han colocado más etapas de sonido para que la música suene más potente.
¡¡¡Fiestaca en la cumbre!!!
¿La música? De nuevo minimal techno. Cuando llegamos, Loco Dice estaba finalizando un set dedicado a sonidos minimalistas y atmosféricos, muy adecuados para el lugar. Poca contundencia pero mucho movimiento entre los clubbers. Disfraces, tablas de snow, esquís. Gritos de alegría, aplausos y bailes.
Pasadas las dos de la tarde, tomaba el relevo Pascal FEOS. Esto ya era otra cosa, decían los más sedientos de beats y techno alemán. ¡Cocoon rules! Mucha contundencia para bailar con las botas de esquís calzadas, aunque parece que los europeos estén acostumbrados.
La fiesta de Schattberg en su máximo apogeo. Lo mejor del festival.
La atmósfera es increíble. Vivir una fiesta así, en un entorno así, es de las cosas más grandes que se pueden ver en el mundo de los festivales. Poco a poco, el sol se esconde detrás de las montañas. Todo se tiñe de colores intensos. Montañas anaranjadas y un horizonte que nos regala una puesta de sol espectacular. A las 4:30, la música se apaga.
Los clubbers que han subido en telecabina, forman cola para cogerlo de regreso al pueblo. Y los que somos esquiadores, afrontamos un descenso (no apto para noveles) de 4 kilómetros de longitud y más de 1000 metros de desnivel. Destino, el puesto de salchichas, el apartamento, la ducha… y de nuevo el Open Air, que abre sus puertas de nuevo a las 5 de la tarde.
Anochece en las pistas de Saalbach
Esa tarde, al aire libre, pudimos bailar a unos cuantos artistas locales, Oliver Koletzki, Brian Sanhaji (que se marcó un directazo de techno a pocos bpms, pero lleno de matices rítmicos y contundente como pocos) y a Felix Krocher, que se alejó de su habitual discurso scranzero y tiró de temas trilladísimos pero de fácil baile, como el Emissions de Dubfire o el omnipresente Jaguar de Dj Rolando.
Y esa noche no pensábamos salir, pero decidimos hacer uso de la picaresca española y nos colamos en uno de los clubes del festival, el Castello. Una sala no muy grande, muy bien decorada, acogedora y con un sonido espectacular. Allí se presentaba un showcase de desolat, con Martin Buttrich y Ame como artistas destacados. Nos retiramos pronto, pero el ambiente (espectacular, como siempre) y la música (deep house de calité) acompañaron toda la noche.
De nuevo en el aeropuerto. ¡Hasta el año que viene!
El domingo y el lunes fueron días de esquí y nieve aprovechados al 100%. El pueblo volvió a su estado habitual. Esquiadores locales, algún turista, paz y tranquilidad. Y por la noche, de nuevo al aeropuerto, con una sensación inexplicable y la certeza de que el año que viene volveremos.
Fotos y vídeo | Vladimir
En Noctamina | Rave on Snow: la crónica (I)
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