
Llevaba ya varios días con la crónica del concierto de Matthey Herbert en Madrid en el tintero. Pero la actualidad manda, y antes hemos tenido que ocuparnos de otras noticias. Ahora ya por fin, con tiempo por delante, voy a intentar desgranar todo lo que dio de sí la actuación del británico en La Riviera, el pasado domingo 16 de Noviembre.
Y vaya actuación. Durante cerca de dos horas, Matthew repasó su último disco, There´s me and there´s you, álbum que cede casi todo el protagonismo a la Big Band, y sobre todo a la imponente vocalista Eska. En efecto, los arreglos electrónicos y sampleos quedan en segundo plano, aunque en el directo cobran muchísima más importancia.

Para empezar, destacar que el concierto sólo costaba 20 euros, hecho que demuestra la actitud de Matthew por hacer llegar su música y su mensaje (porque tiene mensaje) a cuantas más personas, mejor. 20 euros por un directo que moviliza a 15 músicos, un director de orquesta y una vocalista (aparte de él mismo) es bastante asequible.
Como veis, el público respondió, y de qué manera. La sala se encontraba a rebosar y la música nos encandiló desde el primer momento. La interpretación del nuevo disco de Matthew fue magistral y bastante libre e improvisada. Además, Herbert disfrutaba como un niño con sus maquinitas y con el mismo público, y eso engancha.

Los clásicos juegos sobre el escenario y los continuos sampleos de todo lo que en la sala sonaba, añadieron un “plus” de originalidad a la ya de por sí animada y elegante y divertida música de There´s you and there´s me. Como ya comentamos en su día, Herbert parte del sampleo de un sonido o ruido cotidiano para construir un ritmo o melodía, y a partir de ésta, y con el apoyo de la Big Band y de su vocalista, toda una pieza musical.
Nos ofreció construcciones musicales a partir de condones que se hinchaban en el escenario o de papel de periódico rasgado. Fue un auténtico espectáculo ver cómo toda la orquesta se dedicaba a rasgar y lanzar ABCs en el escenario, mientras Matthew retorcía los sonidos en sus máquinas para después introducirlos en las canciones a su gusto.

Pero Matthew es un cachondo y lo samplea todo. El sonido de su propia orquesta (creando loops de saxofón o de trompetas que sonaban como los ángeles), la voz de la vocalista, una carcajada o los propios vítores del público. Espectacular cómo puede quedar tan armónico y bien construido en directo un sonido que por sí sólo no significa nada. Os dejo un video donde Matthew samplea, baila y jalea:
The Matthew Herbert Big Band en La Riviera (Madrid)
¿Habéis oido el sampleo, perfectamente sincronizado, del público gritando “Matthew, Matthew”? Como traca final, y después de más de hora y media de jazz elegante, a ratos romántico, a ratos bailable, a ratos divertido, Matthew pidió la colaboración del público para construir su último track. Nos rogó que entonáramos al unísono una sóla nota musical. Al tercer intento, nos salió bien, y a partir de ahí, jugueteo, escala musical, y ¡tremenda canción de cierre fusionando jazz y house!
Resumiéndolo en unas pocas palabras: conciertos como el de Matthew Herbert Big Band me refrescan la memoria (por si aún me quedaba alguna duda) de la razón por la cual la música me apasiona como el primer día. ¡Un buen amante de la música nunca debería perderse conciertos así!


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